Turismo del morbo

Entre todos los tipos de turismo existentes el “turismo de guerra” es uno de los más sorprendentes. Al turista le mueven muchas cosas a la hora de viajar. Una de ellas es sin duda el morbo.
Visitar lugares donde se han producido crímenes, catástrofes, incluso guerras tiene un atractivo especial para algunos. En España hay en marcha rutas que recorren zonas significativas de la guerra civil, como la “Ruta de las Trincheras” de Sarrión (Teruel) o la “Ruta Orwell” en Alcubierre (Huesca). En Normandía hay visitas guiadas para conmemorar el desembarco aliado del “Día D” (6 de junio de 1944), y los campos de concentración de Auschwitz acogen turistas como si de un siniestro parque temático se tratase. En Vietnam los excombatientes norteamericanos de la guerra (1964-1975) hacen cola ante la entrada de los famosos túneles de Cu Chi, y en Mostar (Bosnia) viajeros en grupo disparan sus cámaras uno tras otro frente a los edificios sin restaurar de las afueras.

El 2 de Julio de 1947, el parlamento polaco ordenó la fundación del Museo de Auschwitz en varios edificios antiguos del campo de concentración del mismo nombre, como un recordatorio de los homicidios cometidos por los nazis durante la segunda guerra mundial. El museo tiene también otras funciones como las investigaciones acerca del holocausto judío.

Situado a unos 59 kilómetros al oeste de Cracovia, un área anexada por Alemania en 1939 después de invadir y conquistar Polonia, el complejo de campos de concentración de Auschwitz fue el más grande creado por el régimen nazi. Las autoridades de las SS crearon tres campos principales cerca de la ciudad polaca de Oswiecim: Auschwitz I en mayo de 1940, Auschwitz II (también denominado Auschwitz-Birkenau) a comienzos de 1942 y Auschwitz III (también llamado Auschwitz-Monowitz) en octubre de 1942.

Hoy en día, casi medio siglo después de la masacre nazi, la población judía y el mundo entero rinde “tributo a las víctimas”, visitando este lugar que a pesar de que hoy tiene una imagen pacífica de campo santo, en algún momento fue un verdadero infierno para muchos.

Quienes se atrevan a visitar el campo no solo sentirán tristeza y dolor sino que se les erizará la piel al saber que en estos tres campos principales los prisioneros eran utilizados para realizar trabajos forzados y uno de los campos también funcionó durante mucho tiempo como campo de exterminio. Los recién llegados a Auschwitz tenían que pasar por un proceso de selección y como la mayoría de ellos no eran aptos para realizar trabajos forzados, se les enviaba inmediatamente a las cámaras de gas, disfrazadas de duchas para engañar a las victimas. Los artículos personales y de valor de los prisioneros eran confiscados y clasificados para ser enviados a Alemania. Definitivamente este no es un museo común y corriente, es un museo del horror, un museo del recuerdo, un museo que nos hace recapacitar, y sobretodo asegurarnos de que no vuelvan a ocurrir genocidios como este.

¿historia?, ¿tributo a las víctimas?… ¿morbo?…

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