Cambiando hormigón por miel: La historia de los Apartamentos Azabal (Cáceres

La historia de los Apartamentos Azabal – Cambiando hormigón por miel: 

Carmen es una mujer inteligente que pasa la cincuentena. Su vida es sencilla y tranquila. Tiene tiempo para dedicarle a su familia, para leer, para cocinar, para pensar. Vive en Azabal, un idílico pueblecito de Las Hurdes. Nos comenta que el tiempo ahí pasa más despacio y que los segundos se pueden acariciar. Que se despierta con los gallos y se acuesta cuando está cansada. Que entre abruptas montañas, cristalinos ríos y límpidos cielos ha encontrado su libertad.

La historia, sin embargo, no empieza allí. A pocas horas de viaje y haciendo un virtual viaje en el tiempo, encontramos a otra Carmen. Parece más tensa, más cansada, más mayor. Corre el año 2004 y nuestra protagonista, junto a su marido, dirige una promotora en Madrid. La jungla urbana es su hábitat por aquel entonces, y en el horizonte sólo se ve hormigón y rutina. Los negocios le van bien, pero tiene una casa enorme de la que no disfruta, una hija de 11 años a la que ve más bien poco y un día a día que dista mucho de los sueños que tenía de niña; se levanta cuando aún no ha salido el sol, va a trabajar y vuelve a su hogar cuando el astro rey ya se ha ocultado entre rascacielos y contaminación. “Llego cansada y a veces de mal humor, me hago una cena rápida y me acuesto”, nos cuenta.

Todo cambiaría en la Navidad de 2004, en un viaje a Las Hurdes. Esa tierra mágica, castigada por la historia y por el aislamiento -y premiada con una belleza fuera de lo común- cautiva a esos dos madrileños que simplemente querían “desconectar” unos días en Las Mestas. Y vaya si desconectaron… El día de Reyes volvieron a la capital para dar los regalos pertinentes a familiares y amigos, pero el mejor regalo se lo habían hecho ellos mismos. Habían apalabrado una casa en Azabal, habían comprado su independencia. Pasaron del dicho al hecho cuando su hija les dio el visto bueno, enamorada también repentinamente de la comarca hurdana. Ya no piensan en tener una casa para huir del tedio los fines de semana… quieren que las máquinas, las herramientas y las hormigoneras vuelvan a sonar una vez más, en una apoteósica pieza final, para dar paso al silencio y al sosiego. Una vieja vivienda con 150 años de libertad se convierte así en los “Apartamentos Azabal”: morada y medio de subsistencia para una familia.

Volvemos al presente. El olor a especias inunda la calle empedrada de una remota aldea. Descubrimos a Carmen en la cocina de su casa, disfrutando del arte culinario hurdano que ha sabido comprender y aprovechar. “Quizás ésta sea nuestra seña de identidad. Los productos naturales son la base de platos exquisitos que ofrecemos a nuestros clientes. Mermelada, miel y dulces caseros, patatas “meneás”, ensalada de limones, cabrito, caldereta… nuestra cocina tiene muy buena crítica, pero no tiene misterio: tiempo, dedicación, elaboración artesanal”, explica Carmen. Las explicación es convincente, pero sospechamos que detrás de esos platos hay además una pizca de magia: Es la “alquimia” de Las Hurdes, un saber ancestral que no convierte la piedra en oro pero que logra transformar sencillas materias primas en sabrosos platos que “matan la jambre”. Una cualidad más de un pueblo sencillo, acogedor y luchador, que ha sabido encarar el futuro sin renegar de su identidad.

Tras charlar cerca de una hora con la anfitriona volvemos al coche. Se está haciendo de noche. Conduciendo por las estrechas carreteras de la comarca, sus palabras resuenan en nuestra mente: “Podéis venir cuando queráis. Os esperan las limpias aguas del río de los Ángeles, los bosques, los valles. Aquí se puede hacer senderismo, disfrutar de la fotografía, de la recolección de setas… tenemos las mejores cerezas de Extremadura -lo siento por el Jerte-, la mejor miel, las gentes más acogedoras y los cielos más azules. Yo antes me mantenía para trabajar y ahora trabajo y disfruto de la vida para mantenerme… si me visitáis os regalo un trocito de mi libertad”.

Aceleramos, rumbo a la civilización. La brisa nocturna que baña Las Hurdes deja paso al humo de los tubos de escape. El verde se deja vencer poco a poco por el cemento. La luz de las estrellas y de la luna se apaga y los neones iluminan el camino.

Miramos hacia atrás. Allí se quedan los Apartamentos Azabal, Carmen y su historia. Y pensamos que hasta que la valentía nos lleve por una senda similar a la que ella emprendió, volveremos de vez en cuando a ese refugio creado por la ilusión, para obtener fugazmente la paz que en ocasiones nos niega el mundo moderno.

Francisco Calderón
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One Response to La historia de los Apartamentos Azabal
  1. Gracias, muy bien explicado,es excelente este sitio un saludo.


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