Breve historia del turismo en España

Post escrito por:

Roberto Camino Maneir

El turismo en España a finales del siglo XIX: los balnearios

La evolución del turismo en España nace de forma tardía respecto a Europa, concretamente a finales del siglo XIX. Al igual que en el resto del continente, la oferta se centraba en los balnearios e iba dirigida a una clientela con un alto poder adquisitivo formada casi en su totalidad por la aristocracia y la incipiente alta burguesía surgida en las ciudades. Algunos de estos balnearios como el caso de Panticosa o Mondariz, se convirtieron en una especie de mini ciudades con iglesias, tiendas, oficinas de correos y zona residencial para el servicio doméstico, el cual, acompañaba a las pudientes familias durante su estancia.

Las primeras asociaciones de montañismo: germen del actual turismo rural

Se puede decir que los balnearios surgieron con propósitos terapéuticos aunque su elevado coste aún era prohibitivo para la mayoría de las familias acomodadas españolas. Con los mismos propósitos surgieron las primeras sociedades de montañismo y excursionistas, aunque poseían un cierto cariz científico en sus orígenes. De estos clubes nació lo que hoy conocemos como turismo rural: el acercamiento al campo y su modo de vida, primero desde un punto de vista científico y posteriormente terapéutico.

Excursiones y el turismo económico

Esto indujo a que los primeros turistas se organizaran en este tipo de sociedades, los cuales abonaban sus cuotas respectivas con la función de ofrecer excursiones de al menos un día por las zonas naturales más bellas próximas a sus lugares de residencia y la posibilidad de almorzar y pasar el día en un lugar idílico a poca distancia de su domicilio. Un turismo sin duda más económico que aún se conserva en la actualidad.

 

Las playas: lugar de esparcimiento

Sin embargo, en el primer cuarto del siglo XX nace entre la población un inusitado interés por las playas. El beneficio de la salubridad del agua de mar – de nuevo un origen terapéutico – convirtieron las playas en balnearios al aire libre mucho más económicos. Así, lugares como el Sardinero en Santander, o La Concha en San Sebastián, se convirtieron en el origen de lo que hoy denominamos “veraneo”. Allí, la afluencia de bañistas era considerable en el periodo estival, quizás por la cantidad de servicios que ofrecían ambas ciudades y la asistencia a ellas de miembros de las casas reales y alta nobleza. Resulta extravagante ante nuestros ojos las costumbres de estos primeros bañistas: se zambullían sólo una vez al día y una inmersión total que duraba sólo unos segundos, a veces ayudados por un bañero. Asimismo, sus estrafalarios trajes de baño de dos piezas de lana, que cubrían brazos y piernas, causaban furor en aquellos días y asombro en la actualidad.

Desarrollo de la industria turística

Poco a poco alrededor de las playas se fue generando una industria turística basada en una mejora de la oferta: creación de redes hoteleras de lujo, restaurantes, estafetas, mejora en los transportes – ferrocarril fundamentalmente –, guías de alojamiento. Es en los años treinta cuando nacen las primeras oficinas de turismo y la implicación del estado en este nuevo fenómeno es mayor, a sabiendas del enorme potencial de divisas que este nuevo fenómeno generaba. Esta implicación provocó un aumento de las infraestructuras, ofertas de ocio y la diversificación de los tradicionales focos turísticos de costa a otros lugares como Barcelona, Málaga, Mallorca, que poco a poco arrebatarían su posición predominante a Santander o San Sebastián. Podemos decir, sin lugar a dudas que este periodo es el llamado primer boom turístico en España.

Periodo de oscuridad: guerra civil y posguerra

El periodo de guerra civil y la posguerra interrumpió el desarrollo turístico del país anulándolo en su totalidad. Los férreos controles, la prohibición de divisas, las infraestructuras destrozadas y la pobreza generalizada provocaron el hundimiento del turismo español. Tras un periodo de oscuridad que duró algo más de quince años comienza el denominado resurgimiento turístico que se consolidaría paulatinamente hasta nuestros días.


Las playas: lugar de esparcimiento

Sin embargo, en el primer cuarto del siglo XX nace entre la población un inusitado interés por las playas. El beneficio de la salubridad del agua de mar – de nuevo un origen terapéutico – convirtieron las playas en balnearios al aire libre mucho más económicos. Así, lugares como el Sardinero en Santander, o La Concha en San Sebastián, se convirtieron en el origen de lo que hoy denominamos “veraneo”. Allí, la afluencia de bañistas era considerable en el periodo estival, quizás por la cantidad de servicios que ofrecían ambas ciudades y la asistencia a ellas de miembros de las casas reales y alta nobleza. Resulta extravagante ante nuestros ojos las costumbres de estos primeros bañistas: se zambullían sólo una vez al día y una inmersión total que duraba sólo unos segundos, a veces ayudados por un bañero. Asimismo, sus estrafalarios trajes de baño de dos piezas de lana, que cubrían brazos y piernas, causaban furor en aquellos días y asombro en la actualidad.

Desarrollo de la industria turística

Poco a poco alrededor de las playas se fue generando una industria turística basada en una mejora de la oferta: creación de redes hoteleras de lujo, restaurantes, estafetas, mejora en los transportes – ferrocarril fundamentalmente –, guías de alojamiento. Es en los años treinta cuando nacen las primeras oficinas de turismo y la implicación del estado en este nuevo fenómeno es mayor, a sabiendas del enorme potencial de divisas que este nuevo fenómeno generaba. Esta implicación provocó un aumento de las infraestructuras, ofertas de ocio y la diversificación de los tradicionales focos turísticos de costa a otros lugares como Barcelona, Málaga, Mallorca, que poco a poco arrebatarían su posición predominante a Santander o San Sebastián. Podemos decir, sin lugar a dudas que este periodo es el llamado primer boom turístico en España.

Periodo de oscuridad: guerra civil y posguerra

El periodo de guerra civil y la posguerra interrumpió el desarrollo turístico del país anulándolo en su totalidad. Los férreos controles, la prohibición de divisas, las infraestructuras destrozadas y la pobreza generalizada provocaron el hundimiento del turismo español. Tras un periodo de oscuridad que duró algo más de quince años comienza el denominado resurgimiento turístico que se consolidaría paulatinamente hasta nuestros días.


Las playas: lugar de esparcimiento

Sin embargo, en el primer cuarto del siglo XX nace entre la población un inusitado interés por las playas. El beneficio de la salubridad del agua de mar – de nuevo un origen terapéutico – convirtieron las playas en balnearios al aire libre mucho más económicos. Así, lugares como el Sardinero en Santander, o La Concha en San Sebastián, se convirtieron en el origen de lo que hoy denominamos “veraneo”. Allí, la afluencia de bañistas era considerable en el periodo estival, quizás por la cantidad de servicios que ofrecían ambas ciudades y la asistencia a ellas de miembros de las casas reales y alta nobleza. Resulta extravagante ante nuestros ojos las costumbres de estos primeros bañistas: se zambullían sólo una vez al día y una inmersión total que duraba sólo unos segundos, a veces ayudados por un bañero. Asimismo, sus estrafalarios trajes de baño de dos piezas de lana, que cubrían brazos y piernas, causaban furor en aquellos días y asombro en la actualidad.

 


Gracias a 
Suite101 por esta información tan interesante.

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